Toca hacer balance de un año distinto al resto. 2010. Un año donde se han mezclado muchos hechos, sentimientos, lugares, obstáculos y alguna que otra pena. Por ello, es hora de recapitular y pensar en aquello que me ha hecho más fuerte y aquello que me ha hecho más débil, en aquello imborrable y aquello a olvidar, en aquello especial y en aquellos que han formado este año de mí.
El año empezó turbulento. No fue una Navidad tranquila ni mucho menos. Pequeñitas preocupaciones rondaban mis pensamientos, a la vez que, mi mente iba aceptando lo que hasta ese momento para mí no era tan lógico. Esa noche del 1 de Enero, podría decir que me pasó factura, no sólo por haber perdido una chaqueta que me había comprado para la ocasión y andar rebuscando entre los cajones de una casa en la que no estaba yo invitado, sino porque me di cuenta que era necesario empezar una nueva étapa, que tardó un poco en llegar. Pero sé que aquel 1 de Enero escribí las últimas líneas de un libro y comencé el prólogo del siguiente. Enero fue un mes raro, sin estudiar demasiado porque sexto era un curso “Light” aunque engañoso. Se pasó Enero, para llegar a Febrero, con pocos exámenes pero mucha duración. Durante ese tiempo, alguien entro en mi vida, alguien que entró, vio, rayó y se marchó. Es más, podría decir que de dicha persona no tengo ningún buen recuerdo (mas que nada porque apenas hubo tiempo para recordar), pero mentiría si no fuera por lo que ocurrió en Marzo.
Marzo era un mes intenso. Se acabaron los exámenes muy tarde y enlazábamos con fiestas de médicos (y de hormonas), viaje relámpago a Fallas (20 horas 13 minutos) y viaje de Fin de Carrera con destino Túnez. Fue uno de los mejores momentos del año. En esa fiesta, esa persona que entro, vio y se marchó, hizo posible que conociera a alguien que con el tiempo, se ha convertido en un espejo de mi vida, y que en serio da miedo, ver que nuestras vidas discurren tan tan tan paralelas. Todavía con el vaso en la mano y con la cara de blanco como si me hubiera puesto harina, y vestido de Samurai (aunque parecía más de Cura Japonés), cogí junto a mis inseparables compañeros de viaje galénico, un tren con destino Valencia. Al llegar, la pólvora invadió nuestros pulmones y nos dispusimos a disfrutar de la gran noche del fuego. Lastima que el cálculo de uno de ellos, hiciera que viéramos sólo una pequeña parte de los fuegos artificiales pues nos tapaba un edificio del ejército. Aún así, disfrutamos de la noche. De hecho, no teníamos donde dormir y nos fuimos a la playa de la Malvarrosa a dormir 20 minutos. Lástima que un perro decidiera cavar un hoyo a nuestro lado. De ahí, a la Mascletá, una de las experiencias más alucinantes de este año, y que recomiendo y pretendo volver a vivir. Y vuelta a Madrid por pocas horas. De ahí, cogimos un vuelo a Túnez, que era el destino de un deseado viaje de Final de Carrera que estuvo entre Cuba, Egipto, un crucero y algún que otro destino. Fue increíble. Superando expectativas. Muchos recuerdos tengo de ese viaje, que no puedo ennumerar en estas capitulaciones, aquí van algunas de ellas telegráficamente: Catalán, catalán – Hispano ha muerto- El camello en celo – Tunisia Express desde Sidi Bou Said – Niiiiiiiceeeee – 120, 120, 120, 120 – Vino peleón, una conga y unos españoles demasiado cansinos – La Macu y sus enfermeras – El pseudorapto del taxi por los descampados – Cena Costra en un Kebab – Los Tunecinos arrimones en la disco del Hotel – Las innumerables horas del autobús junto a nuestro guía… Supongo, que todos aquellos que lo lean y fueron testigos de estos momentos, echarán una sonrisa. Seguro.
Abril me tenía guardada una gran sorpresa, quizás la mejor de las sorpresas posibles. De la forma más tonta y a la vez más extraña, conocí a alguien que dio un giro radical a mi vida. Que me impulsó, que me hizo hacerme valer, que me hizo luchar, que me hizo sentir lo que nunca jamás había sentido, que me hizo soñar, amar, descubrir la felicidad de una forma distinta y vivir el presente (que fue lo que más intentó enseñarme). Esa persona marcó gran parte de mi año, y estoy seguro, que independientemente de lo que pase, va a marcar el resto de mi vida. Fue curioso ir a un concierto con personas desconocidas, simplemente, porque tu corazón empezaba a sentir algo. Fue curioso mirar fijamente a los ojos a esa persona mientras sonaba una canción que hoy, pese a todo, sigo recordando “Tengo razones ya de sobra, para andarme con historias, y es que te quiero y quiero estar contigo. Siento que nada más me importa, que me importas más que nada, el camino que sigo, empieza y acaba contigo”. Y de ahí, el resto, todos los sabemos. Abril también trajo el estrés por la Trauma, que llegaría en Mayo, con un examen simultáneo que nos dio muchos quebraderos de cabeza.
Mayo fue el mes más estresante sin dudarlo. Creo recordar que no hubo día que no hiciera nada. Estudiar, hacer trabajos mañana y tarde, ir a clase, hacer el examen práctico más útil y a la vez inútil de la carrera. Recuerdo las horas dedicadas a revisar en los archivos los lugares de procedencia de casi 400 mujeres, mientras nuestro querido tutor, nos contaba vida, obra y milagros de cada una de ellas (muchas veces sin acertar todo hay que decirlo). Descubrimos las maravillosas vidas de aquellas mujeres y la interpretación de datos que no sabíamos ni lo que significaban. Intentamos resumir, leer bibliografía sobre algo no escrito nunca. El resultado la verdad, bastante satisfactorio, y bastante decente. El Excel no tiene secretos para nosotros. Lo mejor fue trabajar codo con codo con tus amigos, y ponerse serio cuando había que ponerse, y mandar a la mierda de vez en cuando a alguno que se nos escabullía y regresaba para rehacernos todo. Además de ese trabajo, tuvimos que hacer encuestas, exponer temas totalmente surrealistas y un examen que realmente debería ser más importante de lo que fue. El famoso examen de 5 horas, con 20 casos, sin parar del que yo salí con dolor de cabeza y asqueado. Los resultados… un gran misterio de la humanidad. Quizá en el 2011 sepamos algo.. o no?.
Junio fue un mes especial. Pocos exámenes comparados con otras veces, y muy pocos complicados. Rondas de fotos para celebrar el final. Y unas minivacaciones antes de la Graduación. Mi destino: Galicia. Concretamente, el pueblo de alguien que nos lleva hablando de él desde el principio de los tiempos. Como bien dijo alguien, nuestro amigo era un terrateniente: no sólo tenía una casa en la plaza del pueblo, tenía varios y tiene un tío que nos enseño muchísimo de la cultura gallega, de las telecomunicaciones (y eso que reconozco abiertamente que estaba yo muy poco por la labor de ir a ver el museo). Vimos el primer partido de España y nos juramos no ver más ninguno juntos. Pasamos horas viciados al Pro, noches en la playa haciendo hogueras, juegos para ver quien era el mas machote del grupo… Fueron unas vacaciones cortas, intensas e inolvidables. Y a la vuelta, el mundo nos esperaba de nuevo y a mí me esperaba una pequeña decepción de la que fuimos capaz de salir, lentamente, pero salir. Y por fin, el día sin duda más feliz del año.
Aquel sábado, todo olía a limpio. Mientras entraban tantas personas en ese auditorio donde yo un día había asistido a escuchar una charla sobre “Cómo acceder a la carrera de Medicina” se sentaban nuestro padres, abuelos, madres, hermanos, familiares más lejanos, parejas, amigos, profesores y compañeros. Al son de Gladiator (cual Hispano) 91 estudiantes entraban en procesión ante el gran aplauso (todo sea dicho) de nuestros familiares. Fue una ceremonia muy especial, con unos presentadores de excepción, con momentos más emotivos (no se me olvidará nunca ese video que todavía me hace llorar), discursos extensos (no hubo forma de parar a Nogales), discursos sorprendentes como el de nuestro padrino y el discurso que di junto a un amigo, más que compañero. Luego, la imposición de becas, con la emoción de todos nuestros familiares. Y sobretodo, la felicidad de cada uno de nosotros. Y entre ellos, yo muy muy feliz. Con todos los que quería allí. Cierto es, no nos olvidemos, que no fue del todo fácil por la mala gestión de determinada situación incómoda y que tanto disgustó a una persona muy estimada, pero en líneas generales fue un día magnífico. Luego, fuimos a la Sala de Bailes de la tercera Edad donde cenamos como reyes y bailamos rodeados de niñeras y viejos verdes, al son de los éxitos del momento y del pasado más casposo. Pero fue una noche genial.
Desgraciadamente, Julio llegó y con él la segunda parte del año. Una nueva aventura se iniciaba: OPOSITAR. Lo cogí con fuerzas, motivado, no olvidaré que con Derma. Empezaba la etapa de estudio, de poca diversión y mucha biblioteca pero los sábados eran el día que tras el simulacro salíamos o los domingos de felicidad. Es el comienzo de una etapa difícil pero interesante. En la que intentas en 7 meses meterte todo l oque has estudiado en 6 años de Carrera. ¿Misión imposible? De momento no. En Julio el Asturiano fue parte de nuestras vidas, las múltiples gafas de los chinos, el salir de un simulacro con cara de estupefacción.
Y Agosto, llegó, y con él mis 24 primaveras que pasé por primera vez estudiando (y además duramente). Regalos hubo pocos la verdad pero lo pasé bien esa semana, entre bares, libros y ganas. Ganas de viajar. Llegó Cuba. Un viaje un tanto atípico, con un ambiente enrarecido pero que me permitió conocer un país diferente, una gente increíble, una cultura basada en un sistema político en decadencia pero distinto, y unas libertades un tanto coartadas. En cualquier caso, el pasear por la Habana entre coches de los años 50, el tomarse un mojito en la Habana Vieja, el visitar el Capitolio, dar un paseo por la noche por el Malecón y ver el trasiego de la Rampa, es algo, digno de mencionar y de recordar de este año. Luego llegó la playa, la relajación y la buena vida, en un ambiente un tanto extraño. Pero volveré a Cuba, a vivir su esencia, esa que tanto me cautivó desde aquel taxi tan tan de película. La vuelta fue dura, comenzar a estudiar, el ambiente seguía enrarecido y encima, las vacaciones de la gente. Pero sobreviví, vaya que si lo hice.
Septiembre pasó sin pena ni gloria sino fuera por mi miniescapada al País de los Pirineos, en una compañía que no debía ser rara para mí, pero que era el primer viaje. Y el resultado no fue muy positivo, sino fuera por los paisajes tan bonitos y los buenos momentos que viví, esas largas caminatas con la mochila por los Pirineos. Y encima, relajación en Caldea, en el Spa, donde el tiempo se me fue volando y con él las preocupaciones. Todo ello cortesía de una famosa cadena de radio musical. Pero realmente, si no fuera por eso, el mes no hubiera sido digno de mencionar.
Es en Octubre, cuando el año cambia, cuando la vida te da un revés y tus prioridades empiezan a cambiar. Centrado en el MIR como objetivo, de repente ves, que debes pararte en ese aspecto y seguir en otros. Primero, llegaron los problemas con los planes después del MIR y las múltiples discusiones internas, externas y paralelas que abarcaron parte de mi tiempo. Fue difícil pensar, reflexionar, valorar todo lo ocurrido. Posturas enfrentadas irreconciliables y un viaje por preparar. Al final, se tomó una difícil solución. El mes tuvo sus momentos buenos, aquella cena con barra libre de cerveza fue un regalazo y un alivio. Pero el final del mes me deparaba lo peor del año. Algo le pasaba a la persona más importante de tu vida, que te conoce desde que naces, e incluso de antes, esa persona que te cuidó tanto. Y ahora, te ves ante la incertidumbre y ante la necesidad de cuidar tu de ella.
Noviembre fue duro. Muy duro. Empezó con una mañana muy tensa, de emociones contenidas, nervios, cansancio. Fueron casi 6 horas de incertidumbre, que culminaron con la buena noticia: todo había ido bien. El alivio fue increíble, a pesar de todo lo que había conllevado ese tiempo. Al final del día, la pude ver. Y allí estaba, con su mala leche y quejándose, un síntoma más de que todo había ido bien. Pasaron los días, y las cosas se fueron complicando. Tras 3 semanas de bajones, transfusiones, edemas, trombosis, estancia en UCI, infecciones, su cumpleaños y otras penalidades, volvimos a nuestro hogar, aunque sabíamos que la lucha no había acabado y quedaba más por hacer, y tirar. Fueron momentos duros, pero que nos unieron a la familia mucho, mucho más de lo que pensábamos. Que nos llevaron al límite pero también a sacar lo mejor de cada uno, a dar lo que podíamos dar. Quedaba mucho sí, pero la primera parte fue superada, con éxito y reforzados. Ese mes, fui perdiendo poco a poco a alguien, que estuvo siempre ahí en ese tiempo, pese a no encontrarse en su mejor momento.
Y Diciembre, diciembre siguió la recuperación, a lo que se sumó mi apatía. A todo ello, se sumó que uno de los pilares de mi vida, se derrumbó parcialmente, para derrumbarse por completo. Por razones no del todo compartidas, pero si comprensibles, las cosas cambiaron. Y era mejor esperar a que se enfriara todo, para poder coger las cosas con ganas. Consejo dado por una persona que jamás pensé que me lo podía dar, y que nunca pensé que iba a aceptar algo así. Pero las cosas vienen, y uno no tiene más remedio que a pesar de ser un iluso, admitir que el barco ha partido, y que puede que nunca llegue de nuevo a puerto, pues, de momento está surcando libremente las aguas. Llegaron Navidades, y por supuesto, fueron distintas. Eso sí, la familia más unida que nunca, y sobretodo, demostrándonos que la adversidad, une.
Con todo ello, si tuviera que hacer balance en general, me gustaría quedarme con los 10 primeros meses, y con lo bueno, que lo hubo de estos dos últimos. Así es la vida, dura y bonita a la vez. Llena de momentos altos y momentos bajos. Pero afronto el 2011 con la seguridad de que va a ser un año duro, pero lleno de cambios, de inquietudes y sobretodo de muchas, muchas, muchas ganas de empezar con este nuevo libro de mi Vida. La vida de Henry.
FELIZ AÑO A TODOS.